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Estas son algunas ideorragias de mi pensamiento acerca, por cierto, del pensamiento inteligente. Bueno, ya me pongo una venda para taponar la herida, no fuera a ser que alguien se me desmaye de ver tanta sangre.
La inteligencia es un suceso muy extraño y problemático. Esta se produce en el cerebro que es lo que me permite pensar. A mí me da la impresión, pues así lo he experimentado, que la inteligencia es un fenómeno puntual e instantáneo que ocurre en mi pensamiento, como un flash, cuando súbitamente y porque sí me doy cuenta de algo. Después, una vez que este fogonazo ha iluminado la relación que existe entre lo que estaba pensando y lo que, merced a este suceso de inteligencia, ahora contemplo en su relación con aquello, relación que ahora veo con evidencia y antes del "suceso" no la veía, una vez ocurrida la intelección, el resto es memoria. Si quiero entender "a>b y b>c, entonces a>c", tengo que actualizar este pensamiento. Y cada vez que lo enuncio y lo comprendo, ocurre el suceso mágico que es la inteligencia. Así, de mi inteligencia sólo puedo decir que ocurrió una vez, en tal y tal ocasión. Pero nada o muy poco, puedo decir de qué ocurrirá la próxima vez, es decir, casi ahora mismo. No puedo saber que ocurrirá con aquello de "a, b, c".
Condición moral de la inteligencia
Es más, me doy perfecta cuenta de que la inmensa mayoría del tiempo consciente, este rayo mágico o divino de la comprensión o inteligencia que ilumina lo que atiende, por lo general, no está funcionando. A veces, dócil, acude a nuestra llamada y actúa; pero otras, resulta más difícil traerla a la actualidad. A veces, esta inteligencia ha sido finísima y agudísima, ha resuelto problemas complejos y difíciles. Muchas otras, no se necesita tanto y con una más roma y grosera es suficiente para algunos problemas mentales sencillos. Los lógicos suelen ser muy muy sencillos (la perpendicular de la perpendicular es la paralela).
Entonces, si la mayor parte del tiempo tengo una mente bastante vulgar y con frecuencia idiota del todo, es bastante problemático el hablar de ser o no inteligente. Yo, como he explicado, hablaría más de "haber sido". Lo mejor que se puede hacer es estar en guardia y sobreaviso de la propia estupidez, intentar pensar con rigor, considerando las circunstancias necesarias, con ideas y conceptos pulcros y definidos y, sobre todo y quizá lo principal, tener sometido al propio pensamiento a una condición insobornable e ineludible de verdad, de lealtad con uno mismo. Esta adhesión a la verdad y su cara opuesta, la aversión a la falsedad, creo yo que es la principal condición de la inteligencia. De manera que, según parece, la condición de la inteligencia tiene carácter moral. Intentaremos entonces pensar con honradez
y ser inteligentes siempre que se pueda.
Es evidente que en el discursito falta un elemento fundamental de la inteligencia: es la atención. Yo creo que el decisivo papel que juega la atención, la capacidad de concentración es el de la llamada inconsciente que hacemos a la inteligencia. Para entender una idea, una música, una persona una historia, es menester fijar la atención en el objeto. Pero hay gente que en nada puede fijar la atención más de un cierto tiempo. Esta falta de atención proviene me parece a mí de una falta de interés, de un verdadero interés, por las cosas del mundo.
Pero deseo dejar las frías estancias de la inteligencia y bajar al mundo. Al mundo ¡, en donde estás tú y mis otros amigos, donde está la música y las cosas bonitas. Ahora no deseo pensar más en lo buena que es la música, lo bonitas que son las tardes de otoño, lo buenas que son las cosas del mundo; prefiero entregarme a ellas y vivirlas. Me voy a mi pueblo, que el sol poniente, en un "cielo incendiado de rojo", me espera para "hundirse en su ocaso" tras el castillo de Calatrava la Nueva. Prosaísmo y lirismo, dos modos de estar, y aun de ser.
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